En el siguiente desembarco nos bajaremos a la isla del odio, aunque quizá en ella se escondan otras emociones… Rafael Martínez ha querido compartir con nosotros sus reflexiones que a mi me han parecido muy interesantes y seguro nos darán que pensar…

         “El odio en tiempos de crisis”  

Cuántas veces has oído palabras como:  “Los inmigrantes no van al paro, sólo los españoles”, “Los inmigrantes nos quitan el trabajo”, “Los inmigrantes se benefician indebidamente de las leyes sociales”, “La inmigración amenaza con alterar nuestra identidad”, “Los españoles emigrábamos con contrato“…

 Estos son sólo algunos de los comentarios que se escuchan en nuestra sociedad, y más ahora, en tiempos de crisis. No sé si dichos comentarios se argumentan por ignorancia, por odio, por miedo…o quizá por todo a la vez, lo que si sé es que estas afirmaciones no ayudan nada a nadie, teniendo en cuenta que se olvidan que hablan de personas, seres humanos como nosotros.

 –          Los inmigrantes no desplazan a los españoles en sus puestos de trabajo, un informe realizado por Adecco y el IESE indica que “los extranjeros han perdido más empleo que los españoles”.

–          Los inmigrantes que trabajan legalmente en España cotizan a los sistemas de la Seguridad Social y de pensiones, se benefician de ello igual que los españoles. Los que trabajan en la clandestinidad no cotizan pero tampoco se benefician de protección social.

–          Los inmigrantes no alteran la identidad de  España, creo que la mezcla de diferentes culturas, nos enriquece como personas y nos hace más libres, una sociedad cerrada no favorece a nadie.

–          Los inmigrantes devuelven a lo sociedad parte de lo que ganan, consumen alimentos, se visten, compran electrodomésticos, utilizan servicios, etc.

 Quisiera lanzar otra cuestión, continuamente estamos quejándonos de dicho colectivo con los comentarios  anteriormente  citados, pero qué pasa si el inmigrante juega en nuestro equipo de fútbol, baloncesto etc. A este  lo  alabamos, lo tenemos en un pedestal, le pedimos autógrafos, fotos, vibramos con él, nos emocionamos y hasta lo invitaríamos a cenar a  nuestra casa. ¿Por qué ese cambio tan drástico? ¿Por qué ese inmigrante es mejor que el otro? ¿A que se debe?

 Las razas no nos separan, simplemente es un problema de clase social y cierta hipocresía en la sociedad actual.

 “Cuando conozco a alguien no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano”.              Walt Whitman

 La crisis no la han generado los inmigrantes, a mi me ha tocado sufrirla y he perdido mi empleo, he estado en las colas del INEM (puedo  asegurar que he visto muchos inmigrantes en esas colas), he trabajado con compañeros inmigrantes, he sido despedido antes que ellos y no he sentido odio hacia ellos para nada; es cierto que tuve rabia, odio e impotencia pero hacia otro lugar. Sin embargo saqué conclusiones positivas de esta situación gracias a personas que me ayudaron a verlo desde otra perspectiva. Debido a esa circunstancia supuestamente mala, me he abierto un abanico de de nuevas posibilidades que aprovecharé.

                                                                                                                 “Rafael Martínez”

Si os parece, a Rafa y a mí nos gustaría compartir con vosotros unas preguntas de reflexión, seguro que entre todos llegaremos más lejos:

¿Para qué nos sirve odiar?

¿Mejoramos nuestra situación por empeorar la del vecino?

¿Qué información nos da esa rabia?

¿De qué manera podríamos aprovecharnos de la diferencia entre culturas?

¿Qué valores queremos que aprendan nuestros hijos?: ¿rabia, odio y discriminación?…o ¿respeto, tolerancia, cooperación y libertad?

 

Gracias por adelantado porque sé que os mojareis a participar…

 

Los/las que habéis coincidido conmigo en algún curso seguramente me habréis 

escuchado contar esta fábula que igual tiene algo que ver con nuestra publicación…

Cuenta la leyenda, que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga.

Ésta, huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día… y no desistía, dos días…….y nada. Ya el tercer día, sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– Bueno…ya sé que me vas a comer pero antes, ¿puedo hacerte tres preguntas?

y dijo la serpiente:

– No acostumbro dar éste privilegio a nadie, pero como te voy a devorar… pues pregúntame…

–  Yo… ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia? preguntó la luciérnaga…       – ¡No!, contestó la serpiente.

– Yo….¿Te hecho algún mal?      -¡No, no…! dijo la serpiente.

– Dime entonces, ¿porque quieres acabar conmigo?      -Sencillamente…..¡porque no soporto verte brillar!

 

…EJEM…

 

Aida Blanco

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