Parece que no fue fácil salir de la isla de la rabia-odio…me despierto en una isla no identificada. Suena el despertador…

Escuchalo aquí –Qué sonido más feo tiene este aparato, algún día lo cambiaré. Cualquiera se levanta hoy con el día que me espera. Seguro que me toca trabajar hasta las tantas y voy a llegar tarde a mis clases de cocina. Las 7.10a.m. ¡Han pasado ya 10 minutos y todavía estoy en la cama! Me ducho a toda prisa y mientras me estoy secando, me acerco al espejo…. ¡oh no! Qué pintas tengo, ¡me ha salido un granito justo hoy que puede que me encuentre con Alex! No puede verme así porque no le voy a gustar y no me extraña, tendré que evitarlo como sea, ¡sería terrible que me viera así!…Tengo 3 minutos para desayunar, cojo una deliciosa tostadita untada con mermelada de arándanos y… ¡bingo! ¡Soy la más patosa del planeta! Esto es un mensaje clarísimo de mis michelines! ¡Horror! Cojo una manzana y me voy corriendo al metro que no puedo permitirme perder ni un minuto más. Hace 2 segundos que la vecina ha cerrado su puerta pero no la veo por ninguna parte…eso es que se ha ido corriendo para no saludarme, ¿qué te parece? Yo aguanto sus ruidos, sus olores, sus lamentos de la vida con una sonrisa, y ella evita darme los buenos días. Bajo Gran de Gracia casi corriendo y la gente parece que no mira por donde camina, van a su rollo y no ven por donde pisan. Hoy el metro va más lento de lo normal, seguro que lo hacen para fastidiar a todos los que vamos tarde. Antes de entrar a la oficina ya respiro el ambiente tenso que habrá dentro…“Buenos días” suelta algún inspirado. Yo sé que va a ser un día durísimo, debe ser que tengo algo de bruja. Igual podría haberme dedicado al tarot porque parece que esto no es lo mío. Acaban de fastidiarme un proyecto. Pues qué bien, después de dedicar toda la semana anterior a ello y ahora me dicen que modifique “ligeramente” mi súper-idea. No saben valorarme y motivarme como deberían, estos jefes solo piensan en el dinero y yo soy un simple número sin importancia. Son las 19h y voy camino a casa en bus, hay muchísima gente y parece que tienen problemas de equilibrio, a ver si aprenden a cogerse del palo que para algo está.  Me aburro, voy a probar eso que dicen los psicólogos de sonreír a la gente, ya verás como no funciona. Le medio-sonrío a una chica que tengo delante y me retira la mirada, ¡qué bien! Segundo intento, voy a probar con un abuelito entrañable. Le sonrío y ¡me devuelve la sonrisa! ¡Caray! Parece que ha funcionado… bueno hasta que empieza ha hacerme señales sospechosas… ¿imaginas qué tipo de movimientos hace con sus labios? Muy bien reina, ¡respóndele a eso ahora! Parece que esta técnica no es para mí. Pruebo una tercera vez con una mujer vestida de blanco que la verdad transmite bastante positividad con su mirada, y esta vez sí, me responde con una sonrisa. Pobre, seguro que es una idealista que no se da cuenta del mundo en el que vive. Llego a casa, busco en el bolso mis llaves, no tengo un gran bolso pero siempre tardo un poco en encontrarlas…tranquila que aunque me de ese sustito, al final suelo hacerlo. Hoy no están, por la mañana las olvidé en la mesita. El día no puede ir peor…o sí, Alex está bajando por la calle con ganas de ver mi oportuno granito. ¡Mierda!, lo siento pero no puedo decir otra cosa, tengo que entrar como sea sin que me vea. ¡Soy gafe! ¡Que mala suerte tengo! “Hola guapa, ¿qué tal estás?”  ¿Me pregunta como estoy? Parece que alguien se ha levantado gracioso, este chico es un insensible que no entiende que una pueda tener un mal día.
 
 
Escúchalo aquí  Voy a empezar el día a ritmo de samba que este despertador no es muy animoso y ¡hay que activarse! Hoy tengo que hacer muchísimas cosas, entre ellas mi clase de cocina,  así que no voy a perder ni un minuto. Me doy una duchita exprés y mientras me estoy secando, me acerco al espejo… uy, parece que me ha salido un granito del postre de ayer…mmmmh! ¡qué rabia! justo hoy que puede que me encuentre con Alex!  Pero…qué bueno estaba el chocolate calentito deshaciéndose entre mis labios… Para resolverlo tengo un magnífico corrector y me pondré una camisa bien bonita para sentirme relinda como diría mi amigo Martín. Tengo 3 minutos para desayunar, cojo la deliciosa tostadita untada con mermelada de arándanos y… ¡bingo! ¡Se me ha caído! Esto es que como últimamente estoy trabajando mucho me merezco unas Oreo bañadas de chocolate con leche…mmmmh! Aprovecharé para comérmelas en el metro que voy justa de tiempo. Hace 2 segundos que la vecina ha cerrado su puerta pero no la veo por ninguna parte…pobrecita, ¡debe tener mucha prisa! Bajo Gran de Gracia a toda prisa y me cruzo con muchísima gente con caras de preocupación, caminan casi robóticos, ¡qué lastima que no se den cuenta de que está naciendo un día precioso! Entro a la oficina y por suerte todavía hay gente que te saluda con un “Buenos días”. Durante la semana pasada estuve trabajando en un proyecto con mucha ilusión y me han dicho que tengo que modificar algunas cosas. Lo primero que siento es rabia porque es mi proyecto y lo vivo como algo muy personal, a veces se me olvida que la crítica es para mejorar el proyecto, no tiene nada que ver con mi capacidad o profesionalidad. Son las 19h y voy camino a casa en bus, hay muchísima gente y es divertido ver como algunos pierden el equilibrio cuando el jefe aprieta el acelerador. Estoy de pie y sin libro así que voy a probar eso que dicen los psicólogos de sonreír a la gente, a ver si me funciona. Le medio-sonrío a una chica que tengo delante y me retira la mirada, ¡ups! Parece que tiene un mal día. Segundo intento, voy a probar con un abuelito entrañable. Le sonrío y ¡me devuelve la sonrisa! ¡Caray! Parece que ha funcionado…bueno, hasta que empieza ha hacerme señales sospechosas…jeje! ¡He ligado con el abuelito! Ya ves reina, ¡no pierdas la esperanza con los hombres! Pruebo una tercera vez con una mujer vestida de blanco que transmite mucha positividad con su mirada, y esta vez sí, me devuelve una sonrisa sincera. ¿Qué te parece? ¡Que sintonía más mágica en un solo instante! Llego a casa, busco en el bolso mis llaves, no tengo un gran bolso pero siempre tardo un poco en encontrarlas…tranquila que aunque me de ese sustito, al final suelo hacerlo. Hoy no están, por la mañana las olvidé en la mesita. Bueno… ¡otra anécdota para contar! Como se van a reír algunos de mi despiste… Me alejo dos pasos del portal y veo a Alex bajando por mi calle “Hola guapa, ¿qué tal estás?”  ¡Vaya! ¡Qué suerte he tenido! Si llego a entrar al portal normalmente con mis llaves no me lo hubiera encontrado, además… ¡tengo la excusa perfecta para irme a tomar un té con él!
  

Las circunstancias no determinan por completo nuestra vida, es la manera en la que percibamos y reaccionemos ante ellas, lo que determinará nuestro grado de felicidad o lamentación.  Nuestras percepciones de la realidad están condicionadas por lo que pensamos y sentimos, una misma realidad puede ser interpretada de múltiples formas que darán lugar a actitudes y comportamientos muy distintos. Hacernos responsables de la actitud que tomamos ante la vida nos permite hacernos responsables de nuestra felicidad, y no depositarla en manos de otras personas, acontecimientos o hechos externos. Hay elementos que no podemos controlar (enfermedad, mal humor del jefe, lluvia…) pero sí podemos controlar nuestras reacciones y nuestro estado de ánimo ante ello.

 

 

Suena el despertador…

 

Aida Blanco

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