Pasaba por aquí y te vi. Me pregunto hacia dónde te diriges, qué fantasmas te acompañan, cuáles son tus luces y esperanzas. Tu caminar es especial, distinto a todos los demás, se puede imitar pero no plagiar, pues cada caminar tiene su propio ritmo, rumbo y sentido. Unos pasan discretamente, otros se aseguran de ser vistos, los hay que van a ser recordados durante años y ni siquiera lo imaginan. También están los sin-rumbo, los piñón-fijo, los caminantes fugaces, los yoguis y tantos otros. Me gusta pensar que todos son necesarios o por lo menos significantes de un modo u otro, aunque no todos vayan a ser alabados o reconocidos.

Sospecho que en algún mirador del paseo te habrás detenido en silencio para preguntarte quién hay mas allá de tu DNI, qué trayecto tiene tu billete y de qué manera quieres viajar. Ante preguntas existenciales, respuestas en tono místico del tipo “Shhhhht…..Escuuucha a tu corazónnnn”, pero a pesar de detenerte a hacerlo, a veces parece tan tímido que no consigues sacarle las palabras o no eres capaz de entender su idioma. Si te detienes demasiado a descifrarlo corres el riesgo de acomodarte en un pequeño o gran cercado.  Tal vez te muevas en él sin pisar los pinchos y acantilados que hay más allá del valle, pero no podrás librarte de que tu corazón llore en mimo, mandarín o Kafkiano. Y es que por muy primaveral que sea tu cercado, no estás hecho para vivir permanentemente en un llano emocional. Necesitas sentir que estás vivo y nada mejor que una buena dosis de Dragón-Khan en vena. Seguro que encuentras entre tus recuerdos experiencias que te mantenían enganchado con sus constantes desniveles. Personas, substancias y estados que ponen en marcha esos circuitos neuronales que en un momento pueden hacerte sentir que transitas por un paisaje maravilloso y unos minutos más tarde que te asfixias en un túnel sin salida.

 Somos adictos a sentir, a través de nuestras emociones nos comunicamos con nosotros mismos y tratamos de comprendernos durante el tiempo que dura este singular paseo.

 Feliz trayecto.

 

Aida Blanco

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