Residuos nucleares, pesticidas, transgénicos, humo… ., no son nada comparado con la intoxicación diaria que recibimos en boca de sujetos con incontinencia verbal no diagnosticada.

Contaminación degotante y sigilosa que se apodera de nuestros oídos sin pedir permiso. ¿O acaso venden tapones selectivos? Por favor háganmelo saber porque me encantaría poder filtrar el alimento que ingieren mis orejas.

“Que si fulanito es no sé qué, menganito no sé cuánto, el otro que no sabe lo que hace, mira la otra que cosa, y como puede este hacer esto, etc etc etc.”             

Me irritas, me cansas, me entristeces.

–          Sr/Sra. Incontinente: Permítame que le diga que no tiene usted ningún derecho a interferir en mi vida inyectando veneno en mi mirada y rencor en mi memoria. Qué pena que no pueda prestarle mis lentes para que se maraville con las luces de esas mismas personas a las que se entretiene criticando. Busque usted un pasatiempo menos dañino para sus coexistentes porque a nadie le gusta rodearse de negatividad disfrazada de opinión. Y pruebe a mirarse al espejo antes de ir pregonando valerosamente sus propias sombras.

 

No olvide nunca que “vemos lo que somos”… ¿Y ahora dígame, dónde decía que había visto a un gilipollas?

                                   …

 Aida Blanco

 www.aidablanco.com

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