habilidades sociales


Instagrams de calas transparentes, selfies imagesINVRNFKUsonrientes con “superamigos” exprés, notificaciones de estancias en lugares exóticos, imágenes de exquisiteces con estrellas… y tantos otros placeres que inundan las redes sociales mostrando al mundo cuan estupendos somos y cuan integrados estamos en esta hipócrita y aborregada sociedad globalizada.

Lo que facebook no muestra parece no existir.

Las redes irradian felicidad y las consultas se llenan de ansiedad, depresión e inseguridad. ¿Serán los mismos en uno y otro lugar? ¿O hay especie extraña creada para experimentar emociones digamos poco o nada placenteras? En este entorno de dicha y felicidad… ¿alguien osa decir que se aburre? ¿que se siente solo/a? ¿que está triste? ¿que tiene ansiedad?

Parece que esas realidades no encajan en Yupilandia. La mayoría opta por sacar su mejor “profident” y alimentar ese círculo vicioso que permite en cierta medida cumplir necesidades humanas como agradar a los demás, ser apreciados, sentirnos valorados e incluso a veces admirados.

Facebook o Twiter son espacios donde uno se muestra al mundo, se compara, cotillea…al igual que en su momento fueron los corredores, las plazas, las sillas plegables en la calle y sus conversaciones vecinales. Sin embargo el mundo virtual tiene más peligro que la cotilla del primero, puesto que permite plasmar una esplendorosa rosa en donde ha habido un año de espinas. La realidad virtual puede ser distorsionada hasta tal punto que a uno mismo le cueste reconocerse.

Esa deformación no es tan preocupante hacia fuera, como lo son sus efectos hacia el propio autoconcepto y autoestima. Al apagarse la pantalla aparece el YO de carne y hueso, ese YO cada vez menos alimentado y en consecuencia cada vez con menos recursos para quererse y aceptarse como es.

Si quieres dedicarle dos minutos, te recomiendo veas este corto que refleja lo que se esconde Yupilandia:

En algún sitio leí que una adolescente confesaba “Tengo 1000 amigos en Facebook, pero no tengo a nadie con quien salir…”

La realidad virtual es un mundo cómodo, fácil, poco exigente, poco demandante. Tiene poca memoria, no hay grandes dificultades ni implica tomar riesgos, todo es más soportable que en la vida real. Ahora bien,

¿Cuál es la justa medida en la cual el uso de las redes sociales supone un beneficio sin prejuicio para tener una vida real plena? ¿Puede esa realidad virtual quebrantar habilidades como mirarnos a los ojos?

Aceptemos que nuestras vidas no son Mediterráneamente, nuestros días duran más de minuto y medio, y nuestras emociones no siempre saben a Estrella Damm.

Aquello que sentimos ya sea placentero o todo lo contrario, está ahí para decirnos algo sobre nosotros en relación a lo que experimentamos o imaginamos. La vergüenza, la incomodidad, la tristeza, la rabia o el miedo…son nuestra conexión real con el mundo exterior y no por ser impopulares son emociones menos frecuentes, necesarias y valiosas que la alegría.

 

Aida Blanco

 www.aidablanco.com

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¿Sabes lo q es una pulpería? La primera vez que oí ese término pensé en un restaurante portuario o en una comunidad de ligones de tercera, pero andaba algo despistada. Una pulpería resultó ser un establecimiento típico de latinoamerica, en donde se vende poco menos que “de todo” al alcance de los omnipotentes tentáculos del vendedor, de ahí su nombre. Es un concepto opuesto a los grandes aparadores minimalistas con un diminuto bolso en medio de nada; indudablemente tendrán más productos en venta pero tienes que interesarte por ellos. En una pulpería tienes todo el stock a la vista, no hay trastienda, no hay almacén.  Habrá a quien le guste exponer todo su surtido, habrá quien prefiera preservar su stock y/o dar lugar al imaginario del visitante.

Por ahí van mis pensamientos.

¿Recuerdas alguna ocasión en la que antes de sentarte con alguien, te haya contado ya todas sus maestrías y destrezas? Al margen de estar infringiendo todas las normas básicas de seducción, esa sobre-exposición de la persona nos da pistas del vacío que puede haber en su almacén o de la falta de seguridad que tiene en si mismo/a, siempre me pareció sospechosa esa necesidad de auto referenciarse.

Los hay que utilizan otra táctica, podemos llamarla Vuitton. Creen saber venderse y te muestran la joya de la corona, eso que suponen que la gente valora de ellos, te lo exponen en un aparador radiante con todas sus florituras. Sin olvidarse de esconder bien la trastienda, no vaya a ser que viéramos algo no digno de falsificar. Pero ignoran que tal vez lo que nosotros valoramos esté precisamente oculto entre esos productos sin firma.

¿Puedo preguntarte cuál es tu estrategia? Ah claro, tú no te vendes, ni yo tampoco, hablemos pues de los demás.

Si pensamos en un buen vendedor de lo que sea que nos hayamos cruzado alguna vez, seguramente nos daremos cuenta de que en lugar de intentar enchufarnos su stock dando palos de ciego, se ocupa de conocernos y averiguar cuáles son nuestros intereses. Nos pregunta, nos escucha, pone el foco en nosotros en lugar de en sus argumentos. Y ahí está su fuerza, en cómo nos hace sentir, en cómo se interesa y en cómo paulatinamente se va dando a conocer.  Y te preguntarás… y si se encuentran dos de los buenos, ¿qué ocurre? ¿Quién se interesa? ¿Quién descubre? ¿Quién argumenta?  Ahí está la gracia… ahí está el juego, bienvenida seducción.

ImagenConclusión, ni pulpería ni Vuitton, interésate realmente por conocer a quien tienes enfrente y en cuanto percibas su disposición, abre la trastienda y ve mostrando tu yo más verdadero (las florituras sólo lucen un ratito).

Te valdrá en una cita, pero de igual forma,  te valdrá en tu vida.

Aida Blanco

http://www.aidablanco.tk

sol

¿Qué ha pasado chicos? ¿Ha empezado el chico de la mochila? ¿El de las gomitas? No señores, este conflicto tan incómodo de visualizar pone de manifiesto los prejuicios de sus papás y mamás, de sus familias, de su entorno, de ti y de mí. Todos en algún momento hemos podido hacer un comentario, un tono, una mirada… que el niño que corretea por alrededor se traga sin degustar.

Nos preguntamos cómo es capaz el hombre de llegar a cometer barbaridades como las que vemos en los titulares demasiado a menudo. ¿Crees que alguien puede llegar a semejantes manifestaciones de odio sin haberse sobrealimentado previamente de bocaditos racistas, clasistas, sexistas, clasistas, u otros transgénicos intolerantes, combinados con un tono de desprecio, de rabia, de miedo y resentimiento? Se dice que la esperanza está en los niños pero los niños son lo que comen, les va a costar tener la mente libre si se les alimenta directa o indirectamente de viejos prejuicios.

Nadie nace odiando, nacemos débiles, necesitados, dependientes, deseosos de amor y cariño. No voy a decir que el ser humano es bueno por naturaleza, porque como cualquier otro animal es capaz de matar, y lamentablemente no solo por hambre o por protección, también por rabia, miedo o rencor.

Ideas radicales racistas, culturales, religiosas, económicas, nacionalistas, clasistas, de poder,… llegan a hacerse con la mente y el cuerpo de quienes se pierden en ellas. Olvidan su propia persona para defender una creencia y dar con ello sentido a su vida. Curiosamente los más radicales son los más débiles, puesto que no tienen el valor y fortaleza necesarios para tolerar la diferencia y convivir con ella.
Una creencia no es otra cosa que una idea muy aferrada en la mente. Las ideas y creencias cambian cuando lo hacen las circunstancias. Yo tengo la creencia por ejemplo que el universo es infinito, pero si mañana las nuevas investigaciones muestran lo contrario, mi idea cambia, se transforma, evoluciona. Las creencias son solo mapas que nos facilitan la vida con “certezas provisionales”, pero no hay que aferrarse a ellas. Ninguna idea es permanente, irrefutable, incuestionable. Que no compartamos creencias con otra persona o grupo no significa que su mirada no sea respetable y que no podamos coexistir en paz con ella.

Compartamos ese mismo sol con palabras, tonos, gestos y actitudes que nos nutran de amor, respeto y tolerancia a la similitud y a la diferencia. Le servirá al mundo, te servirá a ti.

Aida Blanco
http://www.aidablanco.tk

Tengo una amiga que… ¿baila sola o baila con lobos?  Como ya habrás sospechado, con lobos no me refiero a depredadores de discoteca, sino a otros mucho más peligrosos y menos palpables. Lobos que aparecen y desaparecen en nuestras cabezas, lobos que rodean a nuestras ovejas sin que nos percatemos que están ahí, ¡con lo fáciles que son de ver en el trastero del vecino!

Hay gente ya experta en cerrar los ojos ante cualquier detalle que les advierta que están bailando con lobos. Esas fieras les ayudarán a encontrar explicaciones que les satisfagan y les permitan seguir su baile:

– Es que el patio está muy mal – Es que yo no quiero perder mi libertad – Es que soy  muy independiente – Es que yo soy distinto/a y no me dejo presionar por la sociedad convencional  – Es que miro a mi alrededor y solo veo parejas infelices quejándose  – Yo bailo solo/a porque quiero y de hecho si pudiera haría que todos lo días fueran como un domingo lluvioso…

Me parece innecesario tener que rebatir este puñado de tópicos que seguramente todos habremos utilizado en algún momento. Nuestro cerebro construye argumentos que nos parecen sólidos y los acompaña de ejemplos coherentes con ellos. Por ejemplo, el mundo está lleno de parejas insatisfechas que se lastiman y de parejas que se adoran y se hacen la vida más agradable. Pero de manera consciente o inconsciente nuestro cerebrito va a manipular la realidad reduciendo las parejas que se adoran a pequeñas excepciones de película de Hollywood y ampliando las insatisfechas a una gran mayoría de amargados/as conformistas. Esta estrategia nos ayuda a sentirnos mejor pero a la vez nos impide ver la a veces cruda realidad. El tener una vida intensa, con libertad, con sexo, con objetivos, con pasión etc., no depende de tener pareja o estar soltero, sino del tipo de relación que se establezca y los pactos creados con el otro/a o con uno mismo.

Los  motivos por los que los singles se multiplican seguro que son muchos y muy dispares,  pero a mí me ocupan especialmente los que bailan con lobos. Lobos de procedencias, edades y tamaños muy distintos, miedos presentes en nuestro día a día y en nuestras decisiones:   Nos asaltan anteriores experiencias no superadas / Nos descarta de antemano nuestra propia falta de autoestima  / Nos aterra  sufrir si el amor no es correspondido poniendo en peligro nuestro omnipresente ego  /  Nos espanta exponer nuestra aparente seguridad, nuestras carencias y nuestras sombras  /   Nos inquieta mostrarnos frágiles ante la mirada del otro  /   Nos encrespa  perder nuestro iluso control sobre la  vida  / Nos horroriza la posibilidad de rompernos  y no ser capaces de reconstruirnos.

De lo que no nos damos cuenta es de que puede que nuestros lobos se hagan dueños de nuestro baile y estemos cometiendo el mayor de los riesgos,  que es mirar nuestra danza desde la resguardada quinta fila.  Vemos bailarines que se lesionan, otros que saltan, se caen y se levantan, otros que se mimetizan de forma natural, otros fuerzan su conexión,.. Nos auto convencemos de que nosotros estamos más seguros y  en cierta forma es verdad, difícilmente nos lesionaremos sentados en la butaca pero tampoco vamos a brillar como Judy Garland en El Mago de Oz. Y no me refiero a brillar para otros sino para ti mismo/a, tú eres el máximo interesado en hacer que tu baile sea el más vivido y verdadero de los posibles, como dijo Charlie Chaplin: La vida es una obra de teatro que no permite ensayos…Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida… antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

Ámate a ti mismo para poder amar a alguien. En algún lugar leí que no hay amor suficiente capaz de llenar el vacío… de una persona que no se ama a si misma. Quiérete, cuídate, respétate…  permítete vivir la vida. No es nada ecológico dejar pasar los posibles momentos bellos que la vida nos ofrece. Suelta a tus lobos, es mucho más alto el precio de quedarte mirando cómo pasan los trenes,  que el pago de algún peaje del camino.

“Al final lo que queda es abrazarse, confiar en el otro, amar y dejarse amar en medio de la balancera que es la vida”    Fito Paez.

Aida Blanco

http://www.aidablanco.tk

Empezaron siendo unos pocos “raritos” los cuales renunciaban a seguir los patrones sociales establecidos, pero poco a poco fueron adquiriendo nuevos adeptos y se multiplicaron hasta llegar aproximadamente al  50% de la población en España. Algunos se organizan en grupos, otros van por libre; algunos se unen al clan de muy jovencitos, otros se incorporan después de pasar por experiencias más o menos traumáticas. No estoy hablando de manifestantes, desahuciados o políticos corruptos, todavía. Hablo de los “singles”, “impares” o el clásico “solterones” de toda la vida. Cada vez son más los adultos que emprenden el viaje de su vida solitos, sin un compañero/a de aventuras.  Me pregunto por qué.  Acaso la sociedad evoluciona es este sentido?  ¿Estaríamos hablando de evolución, de involución, o de adaptación? Los llamados impares eligen libremente esta opción de vida o lo hacen porque no encuentran un dúo con quien compartir su viaje? Presumen de libertad mientras Meetic y Hitch acrecientan su cartera de clientes.

Un estudio reciente de la Fundación Dexeus concluye que el principal motivo que lleva a las mujeres a retardar su maternidad es que no encuentran a su hombre ideal.  Sorprende con la famosa “crisis” que el principal motivo no sea el laboral-económico con el que nos solíamos  excusar.  ¿Qué ha cambiado?  ¿Tal vez seamos más sinceras? ¿En qué pensamos cuando hablamos de hombre ideal? Cuánto daño ha hecho Dirty Dancing y sus semejantes al amor terrenal…

¿Acaso no encontramos lo que queremos? ¿O no sabemos lo que buscamos? ¿U olvidamos eso de que cualquier elección supone también una renuncia y nos convertimos en unos postadolescentes egoístas? ¿O tal vez somos buscadores de emociones “fast food” saltando de fuente en fuente en el momento en el que el agua de las montañas deja de fluir caudalosa? ¿O esperamos que Brad Pitt llegue montado en su caballo y sus melenas al viento y nos invite a gritar los emoticonos a pleno pulmón? ¿Acaso la evolución tecnológica implica una involución emocional? Me pregunto si Facebook, Twitter o Whatsapp nos ayudan a conectar con el otro, o si pueden incluso potenciar el aislamiento parcheando las necesidades relacionales básicas. Ojalá fuera tan fácil expresar nuestras emociones a alguien como clicar un “me gustas” o un ambiguo emoticono, ¿verdad?

En Japón, supuesta sociedad evolucionada, se han popularizado los Neko cafés, espacios en donde los clientes pueden acariciar y alimentar gatos para cubrir sus carencias de contacto y afectividad. Adoro los gatos y a casi cualquier bicho viviente pero me parece profundamente triste. ¿Acaso es más fácil relacionarse con un animal que con un igual? Seguramente sí, los humanos somos como bolas de contradicciones e incomprensiones  chocando entre sí, los animales en cambio son claros y directos en sus intenciones, miedos y pasiones. Cabría ver si la convivencia con un animal resulta un sucedáneo comparable,  no solo a nivel afectivo sino en el terreno del compartir, emprender, crear, proyectar, aprender, evolucionar, y todos esos infinitivos que requieren a dos naranjas enteras decididas a nadar de la mano por el río de la incertidumbre.

Continuará…

Aida Blanco

http://www.aidablanco.tk